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Condenados a no crecer

Verónica Dresden, Gestora Comercial en Merydeis, a 12 de Febrero de 2021

Hace algunos siglos, ya Heráclito hablaba del cambio como parte de nuestro día a día “Todo fluye, todo está en movimiento y nada dura eternamente. Por eso no podemos bañarnos dos veces al mismo río pues cuando me baño en el río por segunda vez, ni el río ni yo somos los mismos”


¿Cuántas cosas hemos vivido durante los últimos años que han cambiado nuestra vida? Cambios que han transformado los paradigmas de la sociedad. Por ejemplo, hasta hace unos años el teléfono móvil era solo un instrumento de comunicación, hoy en día es una herramienta, para muchos de trabajo.


Estos cambios han llegado a nuestras vidas y nos hemos adaptado a ellos, algunos fácilmente, otros han prestado más resistencia, pero al final los hemos incorporado a nuestras vidas, a nuestra cotidianidad. Estos los podríamos llamar cambios imperceptibles.


Sin embargo, hay momentos en nuestras vidas donde nos encontramos atrapados en un trabajo que no nos gusta o una relación sentimental que nos hace inmensamente miserables. Situaciones donde sabemos claramente que necesitamos cambiar. Pero


¿Por qué se nos hace tan difícil?


La respuesta a la pregunta anterior es lo que llaman los psicólogos “la zona de confort”. La definición de este concepto psicológico que según Kabato “Es un espacio personal compuesto de estrategias y actitudes que utilizamos a menudo y con las que nos sentimos confortables, instalándose en nuestra manera de actuar porque nos sentimos seguros”.


Es decir, donde nos desenvolvemos sin miedos ni ansiedad. Donde tenemos el control de la situación y donde nos sentimos seguros. Pero también donde estamos condenados a no crecer personalmente, porque la sensación de seguridad que tenemos no es producto de nuestro orgullo ni satisfacción, sino de la “ausencia de emociones negativas” (Kabato, S.F).


¿Cómo hacemos para salir de nuestra zona de confort? ¿Cómo enfrentar los cambios en nuestra vida?


En mi opinión, creo que lo que debemos hacer es enfrentarnos a nuestros miedos. Hay una cita de Frank Hebert que siempre me repite alguien muy especial “El miedo es la pequeña muerte…” Tal vez, nuestros miedos no son para tanto, tal vez los hemos maximizado. Enfrentarlos nos ayudará a ganar seguridad en nosotros mismos.


Evidentemente cuando afrontamos un cambio en nuestra vida hay inestabilidad en cada paso que damos, ya que todo es nuevo para nosotros. Hay que asumirlos con la mejor actitud posible. Tenemos que saber cuales son nuestras metas y trabajar para poderlas cumplir. Poco a poco nos vamos dando cuenta de nuestras virtudes y habilidades, las cuales nos ayudarán a cumplir nuestros objetivos. Y finalmente, rodearnos de amigos, compañeros y familiares que nos apoyen en cada paso que demos.


Es necesario poder adaptarnos a cosas nuevas y estar dispuestos a salir de nuestra zona de confort día a día. Los cambios nos abren una puerta a nuevas oportunidades, a conocer gente nueva y a sentirnos vivos a través de nuevas experiencias. El pasado 2020 nos dejó muy claro que de la noche a la mañana nos puede cambiar la vida. Tenemos dos opciones, ser pasivos, es decir sentarnos a llorar, o tomar control de la situación y empezar a vender pañuelos.



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