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Albañiles del diseño

Miguel Carballo, Visual Designer en Merydeis, a 18 de Febrero de 2021

Hoy me gustaría rendir tributo a nuestro recientemente fallecido Alberto Corazón. Diseñador, fotógrafo, escultor, pintor y fuente de inspiración para muchos de los que venimos detrás. En esta ocasión no voy hablar de su legado artístico ni de los múltiples premios que se le dieron, a los que estoy seguro de que se le añadirá alguno más post mortem. Quiero hablar de su filosofía y visión del diseño, que ha trascendido completamente en el tiempo.


“Una de las grandes virtudes y ventajas que tiene la profesión del diseño es que te está obligando continuamente a aprender cosas” afirmaba Corazón, dando una vez más en el clavo. Creo que mis compañeros de profesión no solo estarán de acuerdo, sino que probablemente esta máxima fue una de las motivaciones de más de uno de ellos para elegir este camino profesional. Una profesión dinámica que alimenta nuestra inquietud y mantiene nuestra necesidad constante de nuevos retos activa.


Los diseñadores somos personas soñadoras, creativas, perfeccionistas y me atrevería a decir que normalmente con un particular sentido del humor. Los diseñadores somos artistas al servicio de la empresa, del cliente, albañiles del diseño, lo que normalmente nos impone unos grilletes que nos vamos acostumbrando a arrastrar con los años. En muchas ocasiones somos incluso más perfeccionistas que el propio cliente, vemos fallos en trabajos que arreglamos por nosotros mismos (o por si los viera otro diseñador), que sabemos que son imperceptibles para un ojo no educado. Esos arreglos finales normalmente no se cobran, pero nos da igual, no es ego, sino respeto a la profesión.


Alberto Corazón nos decía que "el modelo pedagógico del diseño estaba aún por formalizarse, porque tiene que ser un modelo transversal, y todos los modelos son piramidales." Y no le faltaba razón, un diseñador no es un especialista. Un diseñador es un “cultureta” que utiliza su conocimiento al servicio del arte, colándose por las grietas de los muros que con frecuencia levanta el cliente.


Lo que muchas veces olvidamos, o queremos olvidar, y que Alberto Corazón siempre tuvo presente es que “el diseño es un encargo, no es un territorio de expresión personal, sino que es un territorio de conocimiento para solucionar los problemas de tu cliente”. Los diseñadores debemos entender que nuestro papel consiste en encontrar la convergencia perfecta entre la cultura del diseño y la cultura empresarial. Corazón ya entonces ponía el foco sobre un hecho que se mantiene hoy en día, que es que “todavía hay un déficit en la cultura empresarial española en la utilización y la valoración del diseño, que sigue estando más cerca de la estética que de las áreas del conocimiento”. Esperemos que poco a poco nos vayamos acercando en este sentido a otros países y podamos llegar en un futuro, lo más próximo posible, a esta convergencia con la que ganaremos todos.


“El lápiz es el mejor amigo del hombre” Alberto Corazón,

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